domingo, 22 de abril de 2018

Cuba: continuidad y cambios



Enrique Román

Son las dos alternativas que se han utilizado para calificar el relevo de poderes que acaba de tener lugar en Cuba.
En las noticias de los grandes medios  y en artículos, son,generalmente, caracterizaciones opuestas. 
Hay criterios honestos al respecto, que reclaman un ritmo mayor en los cambios ya aprobados en diferentes instancias – en algunos casos luego de amplias consultas populares – y temen que la consigna que llama a la continuidad conduzca al inmovilismo.
Nada nuevo.  La velocidad de lo que en Cuba se conoce como actualización del modelo socialista cubano es un tema que ha ido y seguirá yendo a debate con frecuencia.
Menos honesta es la contraposición cuando proviene de la gran prensa mundial y de criterios interesados. 
Para esta vertiente, cambios quiere decir desarrollo de la economía privada no como un elemento estructural de la organización socialista de la producción, sino como el único elemento.  En concreto, se trata de criticar al gobierno cubano por no construir aceleradamente… el capitalismo.
En ambos casos el problema, me parece, está mal planteado.
La dirección cubana ya no sabe cómo va a insistir en que el camino de Cuba es el del socialismo, que preserve las ideas de justicia social y de respeto a la dignidad humana que han prevalecido a lo largo de sesenta años de obra revolucionaria. 
Que la actualización de las estructuras y procedimientos de la economía cubana no tienen relación con  los métodosfunestos, drásticos, recomendados por organismos financieros internacionales  como el Fondo Monetario Internacional, sino que preservan un principio que ha dominado en momentos muy diversos el ejercicio del poder en Cuba:  pase lo que pase, ningún cubano quedará desamparado.
La otra preocupación más honesta es manca en su visión del camino recorrido por Cuba, y por su gobierno saliente, en la última década.
El recuento es abundante
El recuento de lo hecho es prolijo.  Se trata de cosas hechas pero sobre todo de caminos emprendidos, cuya conclusión requiere, simplemente, seguimiento y tiempo.  Más tiempo del deseado. Continuidad.
Algunos ejemplos:
-  En las máximas instancias del gobierno y del Partido Comunista, y tras un masivo proceso de discusión popular, de la cual surgieron miles de sugerencias, se aprobaron los llamados lineamientos para el desarrollo económico y social del país en los próximos años. Su puesta en práctica supondría la concreción inicial de un modelo socialista cubano, acorde con las experiencias y los tiempos que corren.  Y futuros.
Sujetos a condiciones complejas provenientes de la propia economía, cubana e internacional, de pasos en falso y de revisiones que requieren de tiempo y, en relación con este factor, de necesidad de alcanzar el consenso necesario para su ejecución, los lineamientos se hacen realidad con ritmo desigual.
Su ejecución seguirá siendo  la tarea estratégica de la nueva dirección cubana.  Empezando por la economía.
- Como parte de ellos estuvo la creación de un sector privado en la economía cubana.
Fue la convicción de que la estructura económica futura debería permitir que el peso de la economía estatal se concentrara en los sectores estratégicos de la economía, y que las actividades que no cayeran en esta denominación fueran ejecutadas por privados o por cooperativas.
En muy poco tiempo,  se creó un sector que emplea hoy a más de medio millón de trabajadores, es decir, al veinte por ciento de la fuerza laboral del país.
En un abrir un cerrar de ojos.  Pero en un abrir y cerrar de ojos no se estructura esta actividad con el rigor que debe tener, ni se crean la cultura y los hábitos que su funcionamiento requiere, ni se logra la aceptaciónde la sociedad,  en un contexto donde la igualdad social se confundió, y se confunde, con el igualitarismoeconómico. 
- La relación incluye también el levantamiento de prohibiciones y la adopción de políticas que carecían de sentido, pero que en muchos casos no se agotan en su simple eliminación.  La mayor flexibilidad de las regulaciones migratorias, por ejemplo, induce un proceso mucho más amplio, de resonancias políticas y culturales, de vinculación de los cubanos de la isla, con el más de un millón de cubanos que viven fuera.
- Un paso conmocionarte pero inevitable, y que repercutirá no solo en lo más profundo de las estructuras de la economía, sino en la propia vida diaria de los cubanos, será la unificación monetaria.  Las informaciones hablan de quince grupos de trabajo, estudiando las aristas de un problema tan complejo y sensible como inevitable. Los próximos meses y años estarán marcados fuertemente por las decisiones que se adopten.
-  Lo más sonado, y que ahora ya no es solo un acontecimiento insólito, sino el telón de fondo sobre el cual se recorta la actitud del actual gobierno estadounidense, fue nada más y nada menos el inicio de un proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Muy poco tiempo atrás del 17 de diciembre del 2014hubieran parecido sucesos de ciencia ficción los pronunciamientos de los presidentes de ambos países anunciando el inicio de este proceso.O lo que vino después, como la visita del presidente Barack Obama a Cuba y su imagen revistando las tropas cubanas en el Palacio de la Revolución, acompañado por Raúl Castro.
Cuba no había cedido un ápice en sus posiciones ni mermado en un adarme la dignidad nacional.  Estados Unidos había comprendido que el camino que había seguido durante décadas frente a Cuba, era erróneo e improductivo.  Ambos coincidieron en que la fatalidad geográfica obligaba a encontrar una plataforma de diálogo mutuamente respetuoso y conveniente para ambos países.
Si bien se acordaron numerosos protocolos de colaboración en áreas diversas, la administración Trumphizo retroceder el reloj de la historia.  Pero el antecedente creado prueba que la convivencia alcanzada en estos términos no es solo posible, sino el único status aceptable.
Si la política internacional tuviera lógica, Donald Trump sería una anécdota desagradable, pero superable.  Corresponde a la nueva dirección cubana lidiar con este tema, proceloso y sensible, en lo externo y en lo interno, y mantener la línea adoptada desde el inicio de la revolución: disposición al diálogo sin merma de la soberanía y la dignidad.
Son solo botones de muestra.  El expediente que debe continuar la gestión de Miguel Díaz Cannely sus colaboradores recién electos es muy abultado y sumamente responsable.  Se trata de seguir modelando el socialismo que conviene a la experiencia y a la situación de la República de Cuba.  De asumir la enorme carga histórica que le legan quienes le precedieron, los que hicieron la Revolución de 1959 y gobernaron, y los que, en disímiles condiciones, entregaron sus vidas a esta causa. Ahí reside la continuidad más profunda.
La redacción y puesta en vigor de una Constitución de la República que actualice la de 1976, que adecue esta ley fundamental a las nuevas realidades y a las que están por venir, está en sus manos. 
También estará precedida por el requisito principal al que aspiraba Martí: laconsagración en ella, y en el sistema que regula, de la dignidad plena del hombre.

Las estrellas se alinean, peligrosamente



Enrique Román

Las estrellas siguen alineándose para favorecer los intereses de la ultra derecha sionista.
No se trata solamente de la designación de dos conocidos aliados de Israel, Mike Pompeo y el vociferante John Bolton, en importantes posiciones del gobierno de Estados Unidos.
Hace pocos días el príncipe saudita Mohamed Bin Salman recibió al conocido periodista estadounidense Jerry Goldberg, editor jefe de TheAtlantic.
En su esfuerzo por transformar la imagen del reino saudita, el joven príncipe se adentró en el proceloso terreno de las relaciones del mundo árabe con Israel.
En la entrevista, Bin Salman declaró que el pueblo judío tenía derecho a tener su propio país, en términos que, dice Goldberg, no lo había hecho antes ningún dirigente árabe.
“Creo que cada pueblo, en cualquier parte, tiene el derecho de vivir en su propia nación pacíficamente.  Creo que los palestinos y los israelíes tienen derecho a tener su propia tierra.  Pero debemos contar con un acuerdo de paz para asegurar la estabilidad de cada uno y para tener relaciones normales”, señaló.
“Nuestro pueblo no tiene problemas con los judíos”.  Y añadió: “Usted puede encontrar muchos judíos en Arabia Saudita provenientes de América y de Europa.  No hay problemas entre cristianos, musulmanes y judíos” y existen “muchos intereses que compartimos”.
Arabia Saudita, como recordamos, ha adelantado antes acuerdos de paz que suponen el reconocimiento de Israel como estado, en la tierra que ocupan, a cambio de la retirada de los territorios ocupados.
Periodistas estadounidenses
Es curioso cómo sus iniciativas de un arreglo del conflicto árabe israelí se han producido de la misma manera.
La primera propuesta fue en Fez, en los años 80.  Luego, en el 2002, durante una visita del periodista del New York Times Thomas Friedman, también prestigioso, también de origen judío, el entonces príncipe Abdullah –aun no era rey – utilizó aquella oportunidad para adelantar una propuesta de paz que suponía la retirada israelí de los territorios ocupados a cambio del reconocimiento a los derechos palestinos y la  paz con el mundo árabe.
La cumbre de la Liga Árabe, reunida poco después en Beirut, adoptó la iniciativa, con al menos una sensible añadidura, no contemplada por Abdullah:  el reconocimiento del derecho al retorno de los refugiados palestinos. 
Eran tiempos de intifada. El enemigo principal estaba claro.  Abdullah no era Bin Salman. La reunión superó el escollo de que la propuesta saudita propusiera la paz a cambio de que Israel, como estado, cumpliera lo que era en realidad una obligación, exigencia de las organizaciones internacionales y de las propias Naciones Unidas. (De hecho, los acuerdos de Camp David suponían el reconocimiento de Israel y la propia OLP lo había hecho en los años 90).
El realismo, combinado con otras razones menos visibles, se impuso, y la Cumbre apoyó la iniciativa saudita con las correcciones necesarias para lograr el apoyo colectivo.
El mundo hoy es otro.  El Medio Oriente es diferente.
Aunque la interpretación de las expresiones del príncipe Bin Salman – gobernante actuante en los hechos – se ha dirigido sobre todo a sus efectos económicos, hay otra coincidencia que nos obliga a interpretarla en otra clave.
Israel ha dejado de ser para los sauditas, según todo indica, el enemigo principal, y sus ojos se vuelven, junto con los del gobierno de Netanyahu, hacia Irán.
Estrellas y nebulosas
Las otras estrellas son conocidas.
Mike Pompeo, el congresista republicano por Kansas y jefe de la CIA hasta su reciente nombramiento como secretario de Estado, se ha opuesto sistemáticamente al acuerdo sobre el programa nuclear iraní que se firmó durante la administración de Barack Obama, y que disolvió las amenazas de guerra estimuladas, por cierto, por el gobierno de Netanyahu.
Pompeo en el 2014 afirmaba que con dos mil salidas de bombardeo era posible destruir las capacidades nucleares iraníeas.  No es, añadió, una tarea insuperable para una coalición de fuerzas.
Su nombramiento al frente de la diplomacia yanqui fue muy bien recibido en el estado sionista.  Pero, como era de esperarse, la mayor bienvenida fue para John Bolton.
Bolton no es solamente un partidario de los mayores compromisos entre Estados Unidos e Israel, sino que, de forma bien conocida, ha llegado a abandonar la fidelidad a su país para prestar importantes servicios al gobierno israelí.
La fuente es indiscutible. 
En días recientes, Dan Gillerman, quien coincidió con Bolton como embajador de Israel ante las Naciones Unidas, recordó un hecho singular.
Era agosto del 2006 y el Consejo de Seguridad consideraba la propuesta de Resolución 1701, que tenía el propósito de concluir la guerra entre Israel y las fuerzas de Hezbollah en el sur del Líbano.
“El gobierno francés representaba en el Consejo al Líbano”, dice Gillerman, “y los Estados Unidos nos representaban a nosotros, y la resolución francesa era totalmente inaceptable para Israel”.
Alarmado Bolton por las posiciones que su jefa directa, la secretaria de Estado Condoleezza Rice, adoptaría en respaldo al texto de la Resolución, se comunicó con Gillerman.
Una noche, dice este, Bolton lo llamó a las ocho de la noche, es decir, las tres de la mañana en Israel, y lo alertó: “Tiene que llamar a su primer ministro y decirle que Condoleezza los ha vendido a los franceses”.
“Desperté al primer ministro – EhudOlmert – a las tres de la mañana y de esa forma se iniciaron las gestiones que cambiaron totalmente la resolución final.”
Olmert corroboró en una entrevista estas afirmaciones y en su propia autobiografía.  Condoleezza vino a saberlo mucho tiempo después.

Si no fuera suficiente el hecho para demostrar lo que en cualquier diplomacia se calificaría de traición, otro igualmente escandaloso confirma esta impresión.

ShaulMofaz, antiguo ministro de Defensa de Israel, explicó en un panel de antiguos jefes militares israelíes, que Bolton lo había presionado para atacar a Irán: “Conocí a John Bolton desde que era embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, cuando trató de convencerme de que Israel debería golpear a Irán”.

Para Mofaz era una mala idea, aunque sabía que el propio Olmert la había propuesto a George W. Bush, como una acción norteamericana o como una operación conjunta.  Bush, y Bolton lo conocía, no la aceptó.

Una vez más Bolton se apartaba de la posición oficial de su país con una gestión que reflejaba sus intereses y el de los neoconservadores que pensaban como él, y su compromiso personal con Israel.

Estas son las estrellas, de dudoso brillo, que han comenzado a alinearse, con un gran peligro para la paz regional y con impredecibles consecuencias para la economía del mundo, dependiente en alto grado delpetróleo de la zona. 

Próximamente, Donald Trump, asesorado por su flamante equipo internacional, tendrá que reconsiderar – es un mecanismo habitual – el acuerdo firmado con Irán. 

Hoy es imposible predecir su decisión, por obvia que parezca.  En momentos en que negocia con la República Democrática Popular de Corea la suspensión de su programa nuclear, una marcha atrás en el caso iraní echaría por tierra cualquier probabilidad de que los dirigentes norcoreanos confíen en la buena voluntad de la parte estadounidense y abandonen, como querría Donald Trump, su desarrollo atómico.


martes, 23 de enero de 2018

Cuba, elecciones y retos


Enrique Román 


Las elecciones para elegir a los miembros de las Asambleas Provinciales del Poder Popular y a los diputados a la Asamblea Nacional de Cuba acaban de ser convocadas.
Esos comicios, probablemente los más importantes en las últimas décadas en la isla, siguen a otros anteriores, donde se eligieron a los miembros de las mismas Asambleas, pero al nivel municipal.
De las que acaban de ser convocadas resultará el nuevo parlamento cubano y su órgano superior, el Consejo de Estado.
Y este elegirá al nuevo presidente de la República de Cuba: al sucesor de Raúl Castro.
A partir de entonces, quien lo duda, se abrirá una etapa diferente en la historia de la Revolución de Cuba y en toda la historia republicana caribeña. 
Hombres y mujeres que no basan su legitimidad en los méritos alcanzados durante los momentos épicos de la Revolución – la lucha contra Batista, la resistencia frente a las agresiones de Estados Unidos – se harán cargo de la conducción del país, de salvaguardar los logros del proceso revolucionario, de seguir indagando en la vía cubana para desarrollar el proyecto socialista y de resistir la omnipresente hostilidad del vecino del norte.
Casi nada.
Un sistema desconocido
El sistema electoral cubano es desconocido en el mundo y fuertemente vilipendiado por la propaganda anti cubana.
La democracia, todo el mundo lo sabe, es un producto imperfecto, salvo para garantizar la hegemonía de una clase social sobre otras.  Suele reducirse al proceso eleccionario, su fase más visible, espectacular y muchas veces engañosa: luego de ser electos, los elegidos se desaparecen de sus bases y no se implementan formas para dar continuidad a la participación popular en la toma de las decisiones principales.
Sistemas obsoletos, que no funcionan ni en sus países de origen, se venden públicamente como ideales a perseguir.  Estados Unidos hace de la promoción democrática en el mundo la raíz visible de su política exterior.  Sin embargo, el arcaico sistema electoral de ese país permite que Donald Trump haya sido electo presidente, a pesar de perder frente a su contrincante por tres millones de votos.
Cuba, luego de más de una década inicial de trasformación revolucionaria acelerada, en que las leyes principales, que subvertían el viejo orden, se tomaban de forma central por el Consejo de Ministros, emprendió un serio proceso de institucionalización, que supuso la redacción de una nueva Constitución, adecuada a los nuevos ideales, y la reorganización de sus órganos deliberativos y de gobierno.  Como parte del nuevo orden, se creó un sistema electoral sui generis a mediados de la década del 70.
En un país donde existe un único partido – tradición que viene por cierto, no de Moscú, sino de la guerra de independencia contra España, conducida por el partido fundado por José Martí – está prohibida la propaganda electoral.
Los vecinos de las comunidades eligen de entre ellos mismos a sus representantes, los cuales a su vez integran la Asamblea Municipal. 
Luego, en elecciones como las que se convocan ahora, también se eligen los miembros de las Asambleas provinciales y los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular.  Constituida esta, sus miembros eligen al Consejo de Estado, integrado por una veintena de miembros, y estos a su presidente, presidente del Estado, quien es también presidente del Gobierno.
Todos los electos, desde las comunidades hasta la nación, están obligados a rendir cuenta de su ejecutoria varia veces en el año ante quienes los eligieron.
Sé que la inspiración inicial estuvo en la democracia asamblearia griega.  Pero a diferencia de esta, los electores son hombres, mujeres, blancos, negros, mestizos, civiles y militares: toda la gama de la sociedad cubana, sin otras limitaciones que los que tienen restringidos sus derechos por alguna sanción jurídica.
El sistema es aun perfectible.  Pero la voluntad de que cualquier modificación procure el acercamiento de la dirección del país a la población, es la constante que regiría cualquier modificación.
Sin embargo, cualquier comparación con los esquemas conocidos, cuyas virtudes y cuyos defectos son bien conocidos – la historia de Cuba es una panoplia de ejemplos de las insuficiencias, a veces atroces y escandalosas, de la democracia representativa - , debe tener en cuenta un hecho esencial: el poder hegemónico en Cuba está en manos del pueblo.
Y estas elecciones tienen a su vez el interés trascendental que legitimarán a dirigentes nacidos poco antes o después del triunfo revolucionario: que no cuentan con el aval histórico de la lucha guerrillera o del enfrentamiento armado a los enviados de la contrarrevolución.
Seguir construyendo el socialismo cubano
En los últimos años en Cuba se vienen desarrollando acciones para actualizar el camino propio hacia el socialismo.
La tarea es considerable.  Para Marx el socialismo era una breve etapa, que caracterizó someramente, y que precedería a la sociedad ideal, la sociedad comunista, que él veía muy próxima, casi a las puertas de la historia europea.
Las cosas no salieron como él imaginaba.  No fue en la desarrollada Alemania donde triunfó la revolución, sino en la empobrecida y atrasada Rusia.  A Lenin le correspondió desbrozar el camino para establecer el modelo adecuado a su país. Después vinieron imitaciones e imposiciones del socialismo soviético, que no condujeron a nada.  Las revoluciones que triunfaron fueron las originales, las que encontraron un camino propio, como China, Vietnam y Cuba.
Lo fundamental que quedó de Marx, entre otras muchas cosas, fue la búsqueda de la plena justicia en las relaciones entre los hombres. El corazón ético del ideal comunista, donde el hombre cesara de ser enemigo  del hombre y se reencontrara con su esencia enajenada, el trabajo creador.
En esa dirección se han dado pasos atrás para luego dar pasos adelante.  Y el peso de la polémica nos acompaña hasta hoy. 
Un prólogo inédito de Ernesto Che Guevara a los llamados Cuadernos de Praga, en 1966, lanza un alerta y una premonición estremecedores sobre los riesgos de emprender los desconocidos caminos de la construcción socialista:
Luego de exaltar el indiscutible aporte de Lenin a la teoría del socialismo en la época del imperialismo, advierte sobre las consecuencias de los retrocesos que el propio fundador de la URSS se vio obligado a adoptar como política económica de la nueva nación.
“Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda nuestra etapa. Y sus resultados son desalentadores: La superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura: Se está regresando al capitalismo.”*
Son los riesgos que deberá enfrentar la nueva dirección cubana, navegando entre la Scilla de las herramientas de mercado, y el Caribdis de la solidez ética que es fundamento mismo del socialismo. Y con la perenne y cercana espada de Damocles del imperialismo estadounidense, ambicioso de revertir la historia revolucionaria.
Crear un modelo socialista que aunara la eficiencia económica del capitalismo, y sostuviera y desarrollara los valores del socialismo y del comunismo.
Casi nada.  
* Se incluye en el libro de Orlando Borrego, Che, El Camino del fuego, (editorial Hombre Nuevo, Argentina).


 












jueves, 4 de enero de 2018

Tres notas sobre el primer año de una ¿larga? pesadilla



Enrique Román
Todos tenemos la impresión de que ha sido presidente de los Estados Unidos durante un quinquenio.  Sin embargo, a fines de enero Donald Trump cumplirá su primer año en el cargo.  

Su presencia en la primera páginade los diarios, ha sido ininterrumpida  y abrumadora.  Comenzó incluso antes de ser electo.  Desde que anunció su decisión de postularse para la presidencia del país norteño, las bravatas, los dislates, las exageraciones, los pronunciamientos inesperados no han dejado sin material noticioso a los periodistas de todo el mundo.  

Desde hacía tiempo, el ahora presidente había pasado de ser un empresario avasallador para convertirse en un personaje de la industria del entretenimiento.  De la peor industria del entretenimiento. Ahora ha trasladado ese modelo a la política de su país y al mundo.

En estos días se hacen recuentos de su ejercicio durante el primer año.  Desde todos los ángulos posibles.  Ahorro las repeticiones y subrayo solamente algunos hechos característicos.

Damas y ajedrez

Hace pocas semanas, Trump regresó eufórico de China.  Le habían proporcionado, dijo, el mayor recibimiento que se le había dispensado a un presidente en toda la historia del país asiático.

Así son las declaraciones grandilocuentes de Donald Trump.  Pero olvidó que China tenía una historia, como gran país, de 3 500 años, lo que hacía difícil de sustentar su rimbombante apreciación.
Lo que sucedió realmente en el periplo chino fue que, mientras Trump jugaba a las damas, Xi Jinping jugaba al ajedrez.

Los halagos fueron dirigidos a un hombre que sucumbe ante los halagos, y que suele dirigirlos hacia sí mismo.  Pueden haber sido hasta una muestra de agradecimiento por el gran regalo que, a días de iniciarse su presidencia, Donald Trump hizo a la dirección china: la retirada total de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico.

Como veríamos después en otros temas, la bravata aislacionista carecía de un análisis más profundo y estratégico de sus consecuencias.

El llamado Acuerdo Transpacífico había intentado ser un puñal estadounidense en el corazón de la expansión china hacia su zona de influencia crucial.  Al encabezar un grupo de países que tributan – y lo harán mucho más en el futuro – hacia un área económica que será casi seguramente la más importante del mundo en las próximas décadas, Estados Unidos intentaba establecer su predominio económico a las puertas del gran gigante asiático.

La retirada de Donald Trump dejó a China en libertad de establecer el orden que quisiera en el espacio compartido con las naciones y las economías que se habían afiliado a la alianza. China, a partir de entonces, podrá ser la cabeza visible del comercio en el mar Pacífico.

El primer párrafo

Donald Trump es un hombre de un solo párrafo.  De un solo twit o de una sola declaración amenazante y rotunda, a veces tan demoledora como irresponsable, cuando anunció a Corea del Norte desde las Naciones Unidas que podía ser  barrida de la faz de la tierra.

O la escandalosa y fantasiosa idea de la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México…  cargándole a México, para insulto y risa de los mexicanos, con el costo de la obra.
O la insensatez de mudar su embajada en Israel para Jerusalén, lo que supone un obstáculo monumental ante cualquier esfuerzo que se haga por encontrar una salida  viable al conflicto palestino israelí.  Una decisión que no había tomado ninguno de los presidentes que durante 70 años han honrado las íntimas relaciones entre Estados Unidos y su gran aliado en la región.

La relación es interminable.  Estamos ante un presidente que, en el mejor estilo mediático, concibe la política doméstica e internacional como un gigantesco reality show.  Que se levanta a horas tempranas, se sienta ante su computadora, y vierte en Twitter lo que piensa sobre los temas más disímiles.

Sin asesoramiento.  Sin experiencia de gobierno. Sin que esos párrafos sean la punta del iceberg de una posición elaborada y consensuada.  Por eso después, en la vida práctica, el proyecto no se realiza o se modifica.  O Trump choca con quienes, con los pies sobre la tierra, tratan de derivar de ellos un plan y una doctrina.  

Quienes tienen que realizar el control de daños.

Dudoso regalo

Trump ha sido un regalo inesperado para el partido Republicano.  ¿Regalo envenenado?  Está por ver.  

No era un republicano de origen.  Había integrado el partido Demócrata por breve tiempo. Era en realidad un independiente que, afiliado ahora como republicano, apareció en la larga lista de los contendientes a la candidatura presidencial por ese partido y, contra todo pronóstico, y contra la voluntad de la propia nomenclatura del partido, venció.  Y venció en las presidenciales.

Y ya que estaba ahí, pues había que aprovechar su popularidad.  Sobre todo para lograr dos proyectos esenciales para la perspectiva republicana:  la eliminación del Obamacare, es decir, la disminución del gasto público en la garantía de salud, su desaparición para 20 millones de ciudadanos,  y el favorecimiento al sector privado de esta rama. Y la reforma impositiva, que beneficiará, una vez más, a los ricos y gravará, una vez más también, a la clase media y a los sectores desposeídos.  

Como se sabe, no pudo con el Obamacare, y ahora trata de torpedearlo eliminando los aseguramientos financieros que permiten su cumplimiento.  Y luego de mucho esfuerzo, consiguió la reforma impositiva, que distancia, como nunca antes desde la época de Ronald Reagan, al Estado norteamericano de su papel como garante del bienestar de sus ciudadanos menos favorecidos.

De los propios congresistas republicanos, que no se reconocen en su estrafalario presidente, vinieron sus complicaciones legislativas.

Pero que lo aprovechan en no pequeña medida.  Es impresionante y poco divulgado el avance de las posiciones más conservadoras sostenidas por la agenda del partido Republicano en áreas estratégicas.  

Mucho se divulgó el trabajoso pero logrado nombramiento del derechista Neil Gorsuchcomo juez de la Corte Suprema, que inclinará el voto del máximo órgano judicial hacia la más estricta derecha.   Poco se ha difundido, sin embargo, cómo una masiva promoción de jóvenes jueces federales conservadores podría teñir de otro color la administración de justicia en el país.

O la retirada del Acuerdo de París sobre el cambio climático, también muy publicitada.  Pero menos conocida es la dimisión de más de 700 científicos, investigadores, ingenieros, especialistas en el tema, de la Agencia de Protección del Medio Ambiente, puesta en manos del negacionista Scott Pruitt – la Iglesia en manos de Lutero -  encargada justamente de evaluar el delicado tema en el medio ambiente estadounidense.

La agenda conservadora republicanaavanza, indetenible e implacable,por debajo del show mediático del presidente Trump.

El porvenir

¿Cuántos años cumplirán Trump y su visión imperial y racista del mundo y de su país?  ¿Cuánto tiempo más de improvisación política y peligrosa superficialidad en sus decisiones? ¿Cuánto más tendrán que vivir intranquilos los ciudadanos de un planeta por culpa de un hombre que pasea su ego por su país y por el mundo, acompañado de un ayudante con un maletín con las claves de un poder nuclear que podría destruirnos a todos?

Las noticias no son buenas.  Si Trump fuera a elecciones hoy, a pesar de tener marcas recordistas de impopularidad, volvería a salir electo:  sus bases electorales – sectores blancos conservadores, cristianos fundamentalistas, pero sobre todo trabajadores iletrados y pobres que esperan que sus promesas se hagan algún día realidad – se mantienen incólumes.  Los republicanos votarían por él, en un gesto tribal. 

Hasta hoy.  

Trump vive todavía de su crítica a Obama y al partido Demócrata.  Como se sabe, este recurso de legitimación dura cierto tiempo.  Pero Trump lo criticó todo y prometió solucionarlo todo.  Dentro de cierto tiempo, cuando avance más su mandato, tendrá que ir asumiendo no solo las glorias de lo cumplido, sino también los efectos de lo que todo el mundo sabe que no podrá cumplir.

El pronóstico para el 2020 es reservado.  Lo que ocurrió, para sorpresa hasta de sus promotores, en el 2016, puede repetirse en las próximas elecciones.  La pesadilla, no lo dudemos, puede continuar.