Enrique Román
Todos tenemos la impresión de que
ha sido presidente de los Estados Unidos durante un quinquenio. Sin embargo, a fines de enero Donald Trump
cumplirá su primer año en el cargo.
Su presencia en la primera páginade
los diarios, ha sido ininterrumpida y abrumadora. Comenzó incluso antes de ser electo. Desde que anunció su decisión de postularse
para la presidencia del país norteño, las bravatas, los dislates, las exageraciones,
los pronunciamientos inesperados no han dejado sin material noticioso a los
periodistas de todo el mundo.
Desde hacía tiempo, el ahora
presidente había pasado de ser un empresario avasallador para convertirse en un
personaje de la industria del entretenimiento.
De la peor industria del entretenimiento. Ahora ha trasladado ese modelo
a la política de su país y al mundo.
En estos días se hacen recuentos
de su ejercicio durante el primer año.
Desde todos los ángulos posibles.
Ahorro las repeticiones y subrayo solamente algunos hechos
característicos.
Damas y ajedrez
Hace pocas semanas, Trump regresó
eufórico de China. Le habían
proporcionado, dijo, el mayor recibimiento que se le había dispensado a un
presidente en toda la historia del país asiático.
Así son las declaraciones
grandilocuentes de Donald Trump. Pero
olvidó que China tenía una historia, como gran país, de 3 500 años, lo que
hacía difícil de sustentar su rimbombante apreciación.
Lo que sucedió realmente en el
periplo chino fue que, mientras Trump jugaba a las damas, Xi Jinping jugaba al
ajedrez.
Los halagos fueron dirigidos a un
hombre que sucumbe ante los halagos, y que suele dirigirlos hacia sí
mismo. Pueden haber sido hasta una
muestra de agradecimiento por el gran regalo que, a días de iniciarse su
presidencia, Donald Trump hizo a la dirección china: la retirada total de
Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico.
Como veríamos después en otros
temas, la bravata aislacionista carecía de un análisis más profundo y
estratégico de sus consecuencias.
El llamado Acuerdo Transpacífico había
intentado ser un puñal estadounidense en el corazón de la expansión china hacia
su zona de influencia crucial. Al
encabezar un grupo de países que tributan – y lo harán mucho más en el futuro –
hacia un área económica que será casi seguramente la más importante del mundo
en las próximas décadas, Estados Unidos intentaba establecer su predominio
económico a las puertas del gran gigante asiático.
La retirada de Donald Trump dejó
a China en libertad de establecer el orden que quisiera en el espacio
compartido con las naciones y las economías que se habían afiliado a la
alianza. China, a partir de entonces, podrá ser la cabeza visible del comercio
en el mar Pacífico.
El primer párrafo
Donald Trump es un hombre de un
solo párrafo. De un solo twit o de una
sola declaración amenazante y rotunda, a veces tan demoledora como irresponsable,
cuando anunció a Corea del Norte desde las Naciones Unidas que podía ser barrida de la faz de la tierra.
O la escandalosa y fantasiosa
idea de la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México… cargándole a México, para insulto y risa de
los mexicanos, con el costo de la obra.
O la insensatez de mudar su
embajada en Israel para Jerusalén, lo que supone un obstáculo monumental ante
cualquier esfuerzo que se haga por encontrar una salida viable al conflicto palestino israelí. Una decisión que no había tomado ninguno de
los presidentes que durante 70 años han honrado las íntimas relaciones entre
Estados Unidos y su gran aliado en la región.
La relación es interminable. Estamos ante un presidente que, en el mejor
estilo mediático, concibe la política doméstica e internacional como un
gigantesco reality show. Que se levanta a horas tempranas, se sienta
ante su computadora, y vierte en Twitter lo que piensa sobre los temas más
disímiles.
Sin asesoramiento. Sin experiencia de gobierno. Sin que esos
párrafos sean la punta del iceberg de una posición elaborada y
consensuada. Por eso después, en la vida
práctica, el proyecto no se realiza o se modifica. O Trump choca con quienes, con los pies sobre
la tierra, tratan de derivar de ellos un plan y una doctrina.
Quienes tienen que realizar el
control de daños.
Dudoso regalo
Trump ha sido un regalo
inesperado para el partido Republicano.
¿Regalo envenenado? Está por
ver.
No era un republicano de
origen. Había integrado el partido
Demócrata por breve tiempo. Era en realidad un independiente que, afiliado
ahora como republicano, apareció en la larga lista de los contendientes a la
candidatura presidencial por ese partido y, contra todo pronóstico, y contra la
voluntad de la propia nomenclatura del partido, venció. Y venció en las presidenciales.
Y ya que estaba ahí, pues había
que aprovechar su popularidad. Sobre
todo para lograr dos proyectos esenciales para la perspectiva republicana: la eliminación del Obamacare, es decir, la
disminución del gasto público en la garantía de salud, su desaparición para 20
millones de ciudadanos, y el
favorecimiento al sector privado de esta rama. Y la reforma impositiva, que
beneficiará, una vez más, a los ricos y gravará, una vez más también, a la
clase media y a los sectores desposeídos.
Como se sabe, no pudo con el
Obamacare, y ahora trata de torpedearlo eliminando los aseguramientos
financieros que permiten su cumplimiento.
Y luego de mucho esfuerzo, consiguió la reforma impositiva, que
distancia, como nunca antes desde la época de Ronald Reagan, al Estado
norteamericano de su papel como garante del bienestar de sus ciudadanos menos
favorecidos.
De los propios congresistas
republicanos, que no se reconocen en su estrafalario presidente, vinieron sus
complicaciones legislativas.
Pero que lo aprovechan en no
pequeña medida. Es impresionante y poco
divulgado el avance de las posiciones más conservadoras sostenidas por la
agenda del partido Republicano en áreas estratégicas.
Mucho se divulgó el trabajoso
pero logrado nombramiento del derechista Neil Gorsuchcomo juez de la Corte Suprema, que inclinará el voto del
máximo órgano judicial hacia la más estricta derecha. Poco se ha difundido, sin embargo, cómo una masiva
promoción de jóvenes jueces federales conservadores podría teñir de otro color
la administración de justicia en el país.
O la retirada del Acuerdo de
París sobre el cambio climático, también muy publicitada. Pero menos conocida es la dimisión de más de
700 científicos, investigadores, ingenieros, especialistas en el tema, de la Agencia
de Protección del Medio Ambiente, puesta en manos del negacionista Scott Pruitt
– la Iglesia en manos de Lutero - encargada justamente de evaluar el delicado
tema en el medio ambiente estadounidense.
La agenda conservadora
republicanaavanza, indetenible e implacable,por debajo
del show mediático del presidente Trump.
El porvenir
¿Cuántos años cumplirán Trump y
su visión imperial y racista del mundo y de su país? ¿Cuánto tiempo más de improvisación política
y peligrosa superficialidad en sus decisiones? ¿Cuánto más tendrán que vivir
intranquilos los ciudadanos de un planeta por culpa de un hombre que pasea su
ego por su país y por el mundo, acompañado de un ayudante con un maletín con
las claves de un poder nuclear que podría destruirnos a todos?
Las noticias no son buenas. Si Trump fuera a elecciones hoy, a pesar de
tener marcas recordistas de impopularidad, volvería a salir electo: sus bases electorales – sectores blancos
conservadores, cristianos fundamentalistas, pero sobre todo trabajadores
iletrados y pobres que esperan que sus promesas se hagan algún día realidad –
se mantienen incólumes. Los republicanos
votarían por él, en un gesto tribal.
Hasta hoy.
Trump vive todavía de su crítica
a Obama y al partido Demócrata. Como se
sabe, este recurso de legitimación dura cierto tiempo. Pero Trump lo criticó todo y prometió
solucionarlo todo. Dentro de cierto
tiempo, cuando avance más su mandato, tendrá que ir asumiendo no solo las
glorias de lo cumplido, sino también los efectos de lo que todo el mundo sabe
que no podrá cumplir.
El pronóstico para el 2020 es
reservado. Lo que ocurrió, para sorpresa
hasta de sus promotores, en el 2016, puede repetirse en las próximas
elecciones. La pesadilla, no lo dudemos,
puede continuar.
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