Enrique
Román
Son las dos alternativas que se han
utilizado para calificar el relevo de poderes que acaba de tener lugar en Cuba.
En las noticias de los grandes
medios y en artículos, son,generalmente,
caracterizaciones opuestas.
Hay criterios honestos al respecto, que
reclaman un ritmo mayor en los cambios ya aprobados en diferentes instancias –
en algunos casos luego de amplias consultas populares – y temen que la consigna
que llama a la continuidad conduzca al inmovilismo.
Nada nuevo. La velocidad de lo que en Cuba se conoce como
actualización del modelo socialista cubano es un tema que ha ido y seguirá
yendo a debate con frecuencia.
Menos honesta es la contraposición cuando
proviene de la gran prensa mundial y de criterios interesados.
Para esta vertiente, cambios quiere decir
desarrollo de la economía privada no como un elemento estructural de la
organización socialista de la producción, sino como el único elemento. En concreto, se trata de criticar al gobierno
cubano por no construir aceleradamente… el capitalismo.
En ambos casos el problema, me parece, está
mal planteado.
La dirección cubana ya no sabe cómo va a
insistir en que el camino de Cuba es el del socialismo, que preserve las ideas
de justicia social y de respeto a la dignidad humana que han prevalecido a lo
largo de sesenta años de obra revolucionaria.
Que la actualización de las estructuras y
procedimientos de la economía cubana no tienen relación con los métodosfunestos, drásticos, recomendados
por organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional, sino
que preservan un principio que ha dominado en momentos muy diversos el
ejercicio del poder en Cuba: pase lo que
pase, ningún cubano quedará desamparado.
La otra preocupación más honesta es manca
en su visión del camino recorrido por Cuba, y por su gobierno saliente, en la
última década.
El
recuento es abundante
El recuento de lo hecho es prolijo. Se trata de cosas hechas pero sobre todo de
caminos emprendidos, cuya conclusión requiere, simplemente, seguimiento y
tiempo. Más tiempo del deseado.
Continuidad.
Algunos ejemplos:
-
En las máximas instancias del gobierno y del Partido Comunista, y tras
un masivo proceso de discusión popular, de la cual surgieron miles de sugerencias,
se aprobaron los llamados lineamientos para el desarrollo económico y social
del país en los próximos años. Su puesta en práctica supondría la concreción
inicial de un modelo socialista cubano, acorde con las experiencias y los
tiempos que corren. Y futuros.
Sujetos a condiciones complejas
provenientes de la propia economía, cubana e internacional, de pasos en falso y
de revisiones que requieren de tiempo y, en relación con este factor, de
necesidad de alcanzar el consenso necesario para su ejecución, los lineamientos
se hacen realidad con ritmo desigual.
Su ejecución seguirá siendo la tarea estratégica de la nueva dirección
cubana. Empezando por la economía.
- Como parte de ellos estuvo la creación
de un sector privado en la economía cubana.
Fue la convicción de que la estructura económica
futura debería permitir que el peso de la economía estatal se concentrara en
los sectores estratégicos de la economía, y que las actividades que no cayeran
en esta denominación fueran ejecutadas por privados o por cooperativas.
En muy poco tiempo, se creó un sector que emplea hoy a más de
medio millón de trabajadores, es decir, al veinte por ciento de la fuerza
laboral del país.
En un abrir un cerrar de ojos. Pero en un abrir y cerrar de ojos no se estructura
esta actividad con el rigor que debe tener, ni se crean la cultura y los
hábitos que su funcionamiento requiere, ni se logra la aceptaciónde la
sociedad, en un contexto donde la
igualdad social se confundió, y se confunde, con el igualitarismoeconómico.
- La relación incluye también el
levantamiento de prohibiciones y la adopción de políticas que carecían de
sentido, pero que en muchos casos no se agotan en su simple eliminación. La mayor flexibilidad de las regulaciones
migratorias, por ejemplo, induce un proceso mucho más amplio, de resonancias políticas
y culturales, de vinculación de los cubanos de la isla, con el más de un millón
de cubanos que viven fuera.
- Un paso conmocionarte pero inevitable,
y que repercutirá no solo en lo más profundo de las estructuras de la economía,
sino en la propia vida diaria de los cubanos, será la unificación
monetaria. Las informaciones hablan de
quince grupos de trabajo, estudiando las aristas de un problema tan complejo y
sensible como inevitable. Los próximos meses y años estarán marcados
fuertemente por las decisiones que se adopten.
-
Lo más sonado, y que ahora ya no es solo un acontecimiento insólito,
sino el telón de fondo sobre el cual se recorta la actitud del actual gobierno
estadounidense, fue nada más y nada menos el inicio de un proceso de normalización
de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Muy poco tiempo atrás del 17 de diciembre
del 2014hubieran parecido sucesos de ciencia ficción los pronunciamientos de
los presidentes de ambos países anunciando el inicio de este proceso.O lo que
vino después, como la visita del presidente Barack Obama a Cuba y su imagen
revistando las tropas cubanas en el Palacio de la Revolución, acompañado por
Raúl Castro.
Cuba no había cedido un ápice en sus
posiciones ni mermado en un adarme la dignidad nacional. Estados Unidos había comprendido que el
camino que había seguido durante décadas frente a Cuba, era erróneo e
improductivo. Ambos coincidieron en que
la fatalidad geográfica obligaba a encontrar una plataforma de diálogo
mutuamente respetuoso y conveniente para ambos países.
Si bien se acordaron numerosos protocolos
de colaboración en áreas diversas, la administración Trumphizo retroceder el
reloj de la historia. Pero el
antecedente creado prueba que la convivencia alcanzada en estos términos no es
solo posible, sino el único status aceptable.
Si la política internacional tuviera
lógica, Donald Trump sería una anécdota desagradable, pero superable. Corresponde a la nueva dirección cubana lidiar
con este tema, proceloso y sensible, en lo externo y en lo interno, y mantener
la línea adoptada desde el inicio de la revolución: disposición al diálogo sin
merma de la soberanía y la dignidad.
Son solo botones de muestra. El expediente que debe continuar la gestión
de Miguel Díaz Cannely sus colaboradores recién electos es muy abultado y
sumamente responsable. Se trata de
seguir modelando el socialismo que conviene a la experiencia y a la situación
de la República de Cuba. De asumir la
enorme carga histórica que le legan quienes le precedieron, los que hicieron la
Revolución de 1959 y gobernaron, y los que, en disímiles condiciones,
entregaron sus vidas a esta causa. Ahí reside la continuidad más profunda.
La redacción y puesta en vigor de una Constitución de la República que actualice la de 1976,
que adecue esta ley fundamental a las nuevas realidades y a las que están por
venir, está en sus manos.
También estará precedida por el requisito
principal al que aspiraba Martí: laconsagración en ella, y en el sistema que
regula, de la dignidad plena del hombre.
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