domingo, 16 de junio de 2013

Notas sobre la revista Orígenes*



Si dijéramos
con Borges que la memoria son grietas en el obstinado olvido, veríamos que la
grieta abierta por Orígenes en la
cultura cubana y en su historia es mucho más ancha, profunda y definitiva que lo
que se hubiera esperado de esta publicación. Orígenes, en su entorno, social y mediático, confuso y desolado,
fue una piedra rara, tanto que a lo largo de toda su existencia, mucho más
prolongada de lo esperado, los creadores que formaron su núcleo prístino
debieron empeñarse largamente en  la
tarea de explicarse y de argumentar su posición en el campo literario de las
dos últimas décadas prerrevolucionarias.



Y es que su
aparente abstinencia del escenario político, y la remisión de su obra poética
–no solo poética—a una referencia ecuménica,  universal, convirtió a aquella revista
cuatrimestral, que solamente editaba entre 400 y 500 ejemplares, en foco de
atención de radicales y conservadores, de comunistas y burgueses, y contra sus
ataques tuvieron que lidiar sus editores, es decir, sus principales creadores.



Son debates,
que al mismo tiempo permiten ubicar y clarificar a la revista, sin prejuicios,
no solamente en el campo literario de los 40, en sus tensiones y diferencias
con los otros elementos de ese campo, sino abrirnos las puertas para una
correcta percepción del grupo y la revista en la defensa de la cultura cubana.



No era
ilógico que un grupo creador ni su publicación, adoptaran una postura de
abstinencia frente al caos social y político de la época.  Un repaso a  los elementos del desconcierto:  la frustración de los 30, sus protagonistas
convertidos en sostenes de la corrupción y la politiquería, los jóvenes de
entonces, desorientados, aliados ahora a grupos mafiosos que dirimían sus
diferencias y peleaban por sinecuras a tiro limpio en las calles habaneras, el
desconcierto de ver al partido del proletariado bombardeado dentro y fuera por
la propaganda,  como correspondía al
paradigma de la guerra fría,  y envuelto en
un entendimiento moralmente muy vulnerable, con el gobierno de Batista.  Y la acomodada y mediocre cultura burguesa,  de la mano de una cultura oficial oficialmente
abandonada, frente a la dura realidad de analfabetismo y hambre en las grandes
masas de la población de Cuba.



Era, sí, un
taller renacentista.  Pero no vivían en
el Renacimiento. Tuvieron que correr la suerte y los riesgos de aquellos en
quienes no coinciden los tiempos espirituales y los tiempos históricos.



La
abstinencia no fue tal.  Aún la
abstención implica una toma de partido, y Orígenes
lo tomó a favor de la resistencia afincada en la cultura genuinamente nacional
y en la tradición ética del país.  Justamente
así, como un gran acto de resistencia queda la revista para la memoria de
nuestra cultura, lo que permite, en el análisis de la autora y a la distancia
de 70 años, superar el debate coyuntural.



Una a una
pueden explicarse las constantes del grupo a la luz de este razonamiento.  El catolicismo no fue la simple participación
en un credo religioso, sino un factor de gran importancia en la comunión
espiritual de sus integrantes y, sobre todo, una identificación de base con un
recorrido ético que arranca en el Sermón de la Montaña y llega a Varela y a
José Martí.  Años después, por la vía
martiana, este largo nexo daría sustancia a la ética subyacente en el programa
revolucionario del Moncada y sería nervio central de la obra de la Revolución
cubana.



Orígenes, en una larga mirada, fue no sólo un
ejemplo de resistencia. Fue también anunciadora, como dijo María Zambrano, de
un prometedor adviento: “…
la isla dormida
comienza a despertar, como han despertado un día todas las tierras que han sido
después historia”.



 



* Notas para el informe sobre la tesis de
Laurent Guevara Orígenes: ¿rasguño o
arañazo en la piedra?



 



 

viernes, 7 de junio de 2013

Periodistas



Koldo Campos Sagaseta

Rebelión



Durante los años en que trabajé como corrector del
periódico dominicano El Nacional, (todavía lo hago como columnista) todas las
mañanas, cuando Bolívar, el subdirector del periódico, cruzaba la redacción
camino de su oficina, tenía por costumbre dedicarnos algunos de sus más
esmerados y finos insultos a quienes, a las siete de la mañana, bostezábamos el
día todavía soñolientos.
Ni siquiera se molestaba, mientras pasaba raudo frente
a los cubículos, en desviar su mirada hacia el blanco de su ofensa, recibida
por los redactores, en su amodorrada confianza, como si se tratara de un cortés
saludo.
Y era tan
antigua la costumbre y tan impune el insulto, que Bolívar modificaba cada
cierto tiempo su repertorio apelando a ingeniosos juegos de palabras o a la
actualidad noticiosa del país.
Desde "buenos días tarúspidos", término
todavía no aceptado por la Academia Española de la Lengua y que es resultado de
la feliz fusión de dos conceptos tan clásicos como “tarados" y
"estúpidos", hasta "buenos días añépidos", mezcla de añemao
y estúpido cuya autoría se atribuye al inolvidable compañero de labores Leonel
Concha, pasando por "buenos días chulumpunes", en homenaje a un
delincuente muerto, no importaba hasta qué punto Bolívar se exprimiera el
cerebro buscando calificativos, alegadamente ofensivos, nadie en la redacción
se daba nunca por aludido.
Tampoco habían tenido éxito viejos saludos como
"buenos días vándalos” o “megaestúpidos". Ni siquiera el "buenos
días ultrataríspidos" en el que tanta confianza depositara Bolívar logró
arrancar de la redacción, alguna vez, un gesto de rechazo.
Quizás por ello fue Bolívar aguzando su ingenio en
busca de renovar su surtido arsenal de saludos y así, un día, pasó a
celebrarnos la mañana con un cordial "buenos días licenciados". Para
su sorpresa, tampoco esa vez su astuta inventiva provocó respuesta alguna, como
nadie reaccionó, semanas más tarde, a su "buenos días mañeses",
particular homenaje a nuestros hermanos haitianos, o al insidioso saludo:
"buenos días diáconos" coincidiendo, precisamente, con el
sometimiento a la justicia de un diácono acusado de abusos sexuales en el país.
Parecida suerte corrió su "buenos días magistrados". Nadie en la
redacción protestó molesto por el evidente maltrato a que se le sometía.
En su incesante búsqueda de saludos insultantes, a
punto estuvo Bolívar de tener éxito el día en que se le ocurrió una ofensa que
suponía infalible: "buenos días diputados", que, sin embargo, al
margen de algunas toses y murmullos, tampoco generó mayores repudios.
Y así fue hasta el día en que, acaso sin proponérselo,
mientras cruzaba camino de su despacho, dejó caer, como de medio lado, un
insulto que habría de resultar definitivo: "buenos días… periodistas".
De inmediato, toda la redacción, enardecida, se puso
en pie respondiendo a la ofensa. Todavía corría Bolívar tratando de
resguardarse en su oficina de los insultos que llovían sobre él, cuando una
anónima voz surgida del seno de la redacción acertó a ponerlo en su lugar:
-"¡Y tú más!".
Nunca ha vuelto Bolívar a entretenerse en esos
menesteres pero, tal vez, algún día, recuperemos los periodistas el buen nombre
perdido y el digno desempeño del oficio.
Sé que no va a ser fácil. Lo pienso cada vez que abro
uno de esos “grandes medios de comunicación” que hoy diseñan el supuesto
criterio de lo que, además, llaman “opinión pública”.
 



lunes, 20 de mayo de 2013

Y ¿si fuera al revés?


Concluida la auditoría a las elecciones venezolanas, debería acercase un ciclo de estabilidad.  La oposición, aunque no lo diga públicamente, debe comprender que, simplemente, perdió.
Es el momento de reflexionar:   y ¿si las cosas hubieran sido al revés?  ¿Si Henrique Capriles hubiera vencido por un margen similar al que obtuvo  Maduro?  ¿Si las fuerzas chavistas hubieran impugnado el resultado?
¿Habría reaccionado la prensa de derecha igual?  ¿Habría acompañado las denuncias del chavismo?  Y si las masas que apoyaban a Maduro hubieran salido a las calles y Capriles hubiera sacado la fuerza pública para reprimirla  ¿se habrían rasgado las mismas vestiduras los corifeos de la contrarrevolución venezolana? ¿Insulza hubiera perdido el sueño? ¿Estados Unidos hubiera vacilado en reconocer la victoria de la derecha?
Vamos, que ya somos mayores.